EL MAGO DE LA RECUPERACIÓN

El kinesiólogo de la UdeG, Marcos Garay aporta su magia para aliviar dolores lesiones y algo más

Natalia León
Michel Reyes

Trabajar con lo más valioso de un equipo, pero además recuperarlo lo más pronto posible para que el técnico pueda disponer de él, es una tarea que no se le asigna a cualquiera. 

En el caso de los Leones Negros, Marcos Garay, ex portero de los Tecos de la UAG, es el kinesiólogo que desaparece los dolores, quien alivia las lesiones, pero al final los recupera físicamente aunque esto lleva su dosis de dolor. 

Luego de dejar el futbol profesional, el mejor conocido como “El Pollo” no ha podido dejar esa magia que tiene el balonpié, la cual refleja en sus palabras, aunque sea en otra posición fuera de la cancha. 

“Yo tengo los bienes más importantes que tiene el club que son los jugadores. A veces llego a sentirme como un mecánico de fórmula uno que tiene que tener en perfectas condiciones para la carrera, así me siento. Cuando lo tomas por primera vez sí sientes un poco de estrés. A veces me gusta que me pongan retos”, sostiene “El Pollo”. 

La función de Garay es atender a los jugadores tocados, darles la rehabilitación necesaria para que estén listos en el menor tiempo posible y dejarlos sin secuelas de la lesión. 

Cuando Leones Negros logró el ascenso, varias áreas se sometieron a un proceso de evolución para brindar un servicio de primera, entre ellas, el de fisioterapia; sin embargo, dice Garay, éste es solo el inicio del gran nivel que se pretende alcanzar. 

“Cuando llegamos, el área de fisioterapia estaba en el cuarto de masajes, solo había un ultrasonido y un compresero. Pedí que se me diera un nuevo lugar, vi que había una bodega que podía servir, se habilitó y se le colocaron conexiones de luz. Después de eso todo fue más fácil; éste es solo el principio, esto va a ir creciendo hasta que hagamos un área de rehabilitación que compita a nivel internacional”, menciona Garay. 

Sin embargo, “El Pollo” atribuye el éxito del área, al trabajo en equipo que ha conformado con el resto del cuerpo técnico. 

“Somos una sinergia. Nosotros trabajamos para que el profe (Alfonso Sosa) tenga todo, para que tenga a los jugadores disponibles. Yo no puedo trabajar sin el doctor, porque él es quien me corrobora, yo trabajo con los masajistas, con el preparador físico, para decirle de donde están cargados y evalúe el trabajo”, comenta. 

“Una vez que te metes a este rubro tienes que tomar cursos cada año porque todo cambia”, explica el kinesiólogo, quien dice que el aprendizaje y la preparación constante es la clave para ser el mejor. 

Garay entiende la responsabilidad que tiene en sus manos, y su motor para estar arriba, asegura, son precisamente los retos que se le presentan. Y pese a que la oferta en su rubro es grande, él nunca quiere alegarse de las canchas, desea seguir creciendo en la fisioterapia en el seno del equipo de la Universidad de Guadalajara.